
Te escuece dentro,
sientes como se erosiona algo en el estómago
y empieza a surgir la cólera
hasta alcanzar las manos
y una y media sonrisa postiza
delante del espejo con nariz de payaso.
Rompes las palabras de un tortazo
y relames todas las farsas en líneas apaisadas.
Ya sabía que la locura es una virtud más
-pero no es el caso- o que los cuerdos
son auténticos dementes.
Que no sé apenas de la vida, -es cierto,
pero al menos no intento joder a los demás;
no bajo frases pegadas con celofán
que enmudecen al caerse.