Desórdenes (Amor/ odio)



“Estas amistades peligrosas no sé donde nos conducirán”

“Te odio“,
me dices mientras me sigue la sonrisa de tus ojos,
tan verdes que se me clavan en la nuca erizándome la piel;
me doy la vuelta y ahí están otra vez
intentando ver más allá de mi propia vanidad.

Lo tenemos tan cerca
y yo … ya no sé lo que te tengo
cuando hundes tus dedos por mi espalda.

Si me quedaran rincones para decorar
junto a dos palabras que suenan mal;
dos tiras de celo para adherirme al suelo
y un hueco que me hiciera pensar demasiado.

Te diría que no es más fácil callar
que rasgar la voz
y causarte así algún estrago.

Lo tenemos tan cerca que se hace peligroso
juntar dos actitudes parecidas en el mismo beso,
en tu cara desencajada cuando te increpo
y en mi gesto cínico para resolverme.

Pero tus ojos dejan de parpadear por un instante.

Y entonces,
te diría que …

No sé lo que te diría ahora
después de desordenar
mis últimos cinco minutos.

Avances


He temido mis horas en tu mirada
y aunque lo he sentido venir tantas veces
nunca ha estado tan cerca de soplarme

arrastrándome a caricias ciegas infinitas

como usurpando las líneas de una mano.

.................................
Tus ataques frustrados hacen mella sin querer
como si eso fuera lograr vida
y mis defensas
se recogieran antes de que vuelva a sentir
una hecatombe en el estómago,

pero se sueltan cuando diseñas palabras que sonríen.
...............................
Destapándote, desinflado descubres que no estás solo
y entonces me encuentro a mí misma
donde la poesía vuelve antes de comenzar a hablar

agujereando a su vez puntos negros

que todavía sepan saltar al vacío.

............................
La metáfora exacta no existe en mis ojos,
a no ser que haya algo que le dé el carácter;
ese punto en concreto que hace
que no haya tardado tanto.

Últimas hojas



Nadie puede decirme que he llegado a un punto
en donde sólo tengo prioridades
y que otras estrictamente están de marca páginas
en un libro que tengo que dejar a medias
porque seguramente vaya a arrancar el último capítulo.

Los finales son el tumulto de todos ésos momentos
que me dejan con la boca seca y otra sonrisa de enfado
mirando hacia dentro lo que tengo que descomponer.

Es fácil echarte la culpa porque es lo único que me dejas
tras los saqueos de ropa interior y dos manos sonriendo al peso.
Es tan fácil decir que ojala te arrepientas algún día
pero que no intentes volver.
Es fácil decirte adiós después de pensar en la milésima
de la parte más tierna que he conocido
porque sólo así puedo mirar de nuevo todo lo que no eres.

He hecho el recuento de los besos de mentira
y me han quedado de menos contados en granitos de azúcar
volteándose de un soplo hacia una despedida
sin derecho a reproches ni quejas.

Me has faltado y lo que me queda es…
hacer pajaritas de papel con el resto de cosas que no dije,
pero sé que es mucho mejor guardar los silencios
y hablar después de cien respuestas más.

No es tan fácil desahogarme
y admitir que me he vuelto a equivocar.

FIN.

Ira


Te escuece dentro,
sientes como se erosiona algo en el estómago
y empieza a surgir la cólera
hasta alcanzar las manos
y una y media sonrisa postiza
delante del espejo con nariz de payaso.

Rompes las palabras de un tortazo
y relames todas las farsas en líneas apaisadas.

Ya sabía que la locura es una virtud más
-pero no es el caso- o que los cuerdos
son auténticos dementes.

Que no sé apenas de la vida, -es cierto,
pero al menos no intento joder a los demás;
no bajo frases pegadas con celofán
que enmudecen al caerse.

Forrado de aire



Los olvidos me flagelan en la espalda
pero siempre queda sitio donde poder hacerte un hueco
y poner cajitas con tu nombre sin forrar.
....................................
¿Dónde van?

Sabemos que no importa,
que todo el aire de dentro sale fuera con intención de respirar
y que se llenan los espacios de los que antes hablaba,
ahí están los recuerdos que se funden de una nada por el todo
y de las ganas de pensar en otras cosas;
y tal vez, trazarme para empezar de nuevo sin tu estorbo.
...................................................
¿Dónde me quedo yo ahora?

Aceptando que la vida va en serio
y que los regodeos que salen del desfiladero
son magia que vienen haciéndonos cosquillas.

Es una historia más para traspapelar
que vive disimulando a ras del techo
con más de una mentira y una apuesta demasiado alta.

Sabemos que no importa,
que Abril seguirá siendo Abril y
que nunca podrá ser Septiembre
y que el fraude del cariño ya no tendrá tu nombre.

Acéptalo y vive.

Discordia del tiempo


RIMA XLIX

Alguna vez la encuentro por el mundo,
y pasa junto a mí;
y pasa sonriéndose, y yo digo:
—¿Cómo puede reír?

Luego asoma a mi labio otra sonrisa,
máscara del dolor,
y entonces pienso: —Acaso ella se ríe,
como me río yo.

Gustavo Adolfo Bécquer


Tras ahondar en las cosas más insignificantes me doy cuenta de que nada era tan superficial y que tus ojos buscando una mirada de desconcierto cuando sólo hablabas de ti durante horas no eran lo más importante en ésta vida. Me doy cuenta de que tampoco éramos dos locos con ganas de perder aún más la cabeza por algo que todavía no había aparecido del todo pero tú te empeñabas, te obligabas a buscarla y te diste cuenta de que no era yo.

No sé escribir historias cortas ni largas y mucho menos tan siquiera sé si sé escribir.

“Eres poeta, María”
-No lo vuelvas a decir, no lo soy. Es una especie de pasión, a ti te gustan los coches y a mí desmembrarme de vez en cuando en unas cuantas malas palabras.

Después de esto hubo silencio, una reserva de ésas que estabas acostumbrado a dejar correr como si pensaras que no tenía razón y no lo decías, tenías guardado en la recámara más palabras de las que a simple vista me dejabas ver y a simple oído sordo me permitías escuchar, nunca llegó a tus labios una frase de aflicción, estabas tan metido en ti que no me dejaste entrar del todo y en parte, lo entiendo porque a mí me cuesta un mundo aclarar mis historias. Tal vez mi único error fue intentar creerte, dejarte pasear a mi lado, dejar que me abrazaras aunque no te lo pidiera, a lo mejor hubiera sido todo más fácil si no te hubiera dicho que escribía.
....................................
“En mí puedes confiar“.

Cada vez que vuelva a escuchar estas palabras te recordaré y no volveré a abrir la boca, simplemente me haré la loca. Has sido una de ésas personas que cuento con los dedos de una mano, no, perdón, has sido el único que me "conoce" que leyó un par de poemas, millones de cosas sin hacer y a mí metida en un tarro de cristal que respira por un agujerito tan pequeño.

Todo se ha ido haciendo tan raro que la reminiscencia se ha hecho borrosa o casi inexistente, no logro alcanzar la última llamada, tal vez fue la semana pasada, el mes anterior, hace doscientas palabras y un beso, no sé tan siquiera si pude esclarecer algo de ti, lo sigo diciendo y seguiré hasta que no me devuelvas todas las miradas, se me ha roto el tiempo y no me da para más.

Gracias por lo que ha sido y gracias por lo que no ha querido ser.

Sobre el agua



¿Qué sientes?

Se me coartaba la respiración
y sólo me salía mirarte a los ojos
con agujeros en forma de diluvio.

Caías hacia atrás sin mirar que en el fondo
podría estar frenando el cataclismo,
sólo necesitaba que me dijeras algo tonto
y estúpido para creer.

Y ahora …
ahora no creo en casi nada.

Intervalos



No importa si lloro a escondidas
o si escribo para rabiarme un poco más,
al cabo de un rato todo cambia de color.

Voy más lento
y me encojo en la cama cada noche acariciando al miedo,
tiene el pelo corto, la sonrisa perfecta,
los ojos grises
y la mitad de mí en la palma de la mano.

No sabes cuánto daño recorren las paredes
si nombras en tu boca lo que no pudo ser,
entonces me encuentro como un perro hambriento
arañando la puerta trasera.

No hace falta que me digas nada,
me abrigo junto a las sombras
que se burlan con dos copas de más,
Abril tiene los días ocupados desde que apareciste
y me grita a voz en cuello donde por intervalos de tiempo
tiras y das;
me golpeo, me detengo,
acelero, no me acerco.

Hay espacio.

Respiro



Inspiro y me sacuden de un lado a otro
las ganas de escribir sin saber a qué dirección
debo pegarle un golpe para desenredar un sólo suspiro.

Y no me explico como tengo el pelo enredado contra la almohada,
el talón forrado cubierto de tierra (por si acaso),
las ganas de verte en un vaso lleno de tragos,
otro cigarro encendido y a veces pienso
que lo dejaría por ti, pero nunca lo sabrías.

Se van acomodando las palabras hasta reventar
en algún final en el que me pueda oír
e ir rompiendo el silencio después de ti.

Espiro y los martes al fin me dejan subrayar
las veces que me preguntas en qué pienso,
las sonrisas que me salen sin pedirlas cuando me besas,
el momento en el que me empeño en buscar
desde que día te dejé entrar,
y todas éstas noches que no sé de la calma
cuando me atrapas sin pase para una fuga.

Si te apetece robarme,
no me importa que me sigas.

Respiro cuando me colocas a punto de vela en una esquina
fundiéndonos en una sombra sin apagarme con las yemas de los dedos,
y en ésos momentos que me gustas cuando callas
inspiro,
espiro.

Respiro.

Tirando a dar



¿Qué nos apostamos?
Me silvas con sigilo mientras se disipan
tus dedos mezclándose entre mi columna y mi saliva
y te acoplas como si fuéramos un puzzle de cinco piezas.

En realidad somos dos extraños que se miran a los ojos
y tantean a tiras su vida dejándose los detalles en un café,
siquiera sabemos si mis versos en los que tú me ayudas sin saberlo
llegarán a alguna parte o se romperán como aquellos dardos
en una partida que ganaste con miedo a que tuviera mal perder.

Pero no sabes que también me río cuando me enfado,
que cuando me pongo seria estoy pensando
y que cuando tengo miedo te miro a los ojos
esperando un abrazo de septiembre,
y lo más cercano que encuentro es a ti.

¿Qué nos apostamos?
Ahora, sólo ahora,
estoy cansada de pensar.

Descubrimos dos palabras
que ni tú ni yo intuimos si van en serio
pero nos la jugamos dibujando trampas,
las ganas,
la cama,
una tregua o tres
y de momento ninguno de los dos pierde la partida.

Tantas cosas



Tenía que haber apuntado todos esos versos
que van silbando de segundo en segundo
como un tic tac desmayándose en mi cabeza
pero me invento otros, peores que los de antes
y creo que aptos en abrir y cerrar puertas con desdén.


No sé cuantas veces he intentado hablarte
y mezclarte en mi vida sin arañazos en la sangre,
sin que mi idea de tu cara sea más poema
que todo lo que desarmo y muero en ellos,
sin que titubees,
sin un ya nos veremos como diría yo al percatarme
de que no me interesa nada de lo que ocurra en un posible más tarde
y, sin nada más que añadir en un silencio
que hace cosquillas cuando me besas después de pensar en un:


“creo que te quiero”.


No, lo cierto es que no sé como mirarte a los ojos
y decirte todo lo que no he reído,
los secretos que guardo en cada línea,
lo que he dejado a mis espaldas de filo delgado y frágil,
el tiempo que no cojo un pincel y no dibujo esbozos en color,
lo que he apartado sin volver a mirar
lo que tanto dolía a gritos en silencio,
y luego,
mas tarde,
con las piernas sentadas en un respiro ahogado,
no contarte todo lo que me he escurrido hasta saciarme.


Y sé que es hora si lees algo parecido a una carta sin acuse de recibo
porque lo que escribía antes no eran poemas, eran trazos en papel
donde las cientos de hojas se precipitan a la papelera
porque he notificado que ya no me sirven
y se lanzan de una en una acallando el mal tiempo con sus malas letras.


Sin que tú lo sepas,
sin que yo te cuente,
sólo lee:


Es hora si te dejo que entres a arañarme la sangre con papel.

Un tercio de medias sonrisas



Todo es raro,
tú sin mi
incluso yo contigo.

Despierta, el día menos pensado puede que llegues a creer en lo que dabas por muerto o aletargado por el tiempo.
Pienso que nada muere del todo sin que pienses tú primero o nombres en voz alta, incluso puedes hacer vivir las palabras con sólo una mirada aunque sea de lejos, sin embargo, puede que no nos guste mucho lo que quieran gritarnos a mirada esbelta o puede que otras nos atrapen dejándonos en un coma profundo con la sonrisa erecta arrancando nuevas impresiones.
No estamos muertos si quieres incluso morir o deshacerte de los cadáveres que guardamos debajo de la cama, en el fuego de la cocina o en trastero de la ropa vieja y apolillada. Esta claro que el tiempo nos debe tanto como nosotros lo hemos perdido pero ha sido un riesgo que ha corrido dejándolo escapar.

En estos largos meses he tenido tiempo de asimilar asuntos y creo que he sido capaz de dejarlos atrás o al menos incinerar parte de ellos sin ningún tipo de remordimientos ni de rencores, “nos ha llegado el final” y "debemos hacernos un favor", seguir por distintos caminos, por ello, existen numerosas desviaciones que no son ni mejores ni peores, simplemente escoges.
Buscar otras alternativas a lo que uno está acostumbrado siempre suele ser más difícil de lo que se cree, al menos yo me sentía así , he empezado de cero, he dejado atrás trastos viejos que sólo arañaban, me he descuartizado y abandonado ésas partes de mi en algún lugar que se hayaban demasiado demacradas para reconocerlas pero que vuelven a reunirse poco a poco.

Hoy día si me preguntaran si quisiera volver a nacer de nuevo aún sabiendo todo lo que he vivido, no sé si sería capaz de cambiar algunas cosas, todas o nada porque aunque se ha pasado por infiernos creyendo que no había salida al final de un túnel o que he podido estar más cerca del precipicio de lo que nunca he llegado a imaginar, ahora, me siento un poco más libre y menos apoyando la cabeza en el retrete. Si todo pasa por alguna razón no soy yo quién tenga la respuesta, cada uno se labra su vida como quiere o como puede; he llorado, pataleado, turbado y nunca he pasado tanto miedo en mi vida después de pensar en algo peor. Necesito anclarme a mis cientos de pensamientos contradictorios, mis manías, la cabezonería y el empeño de hacer reír por todas las sonrisas que no he visto. Por ellos, por mi, contigo.



Tras pasos de plomo



Mientras las cárceles se deshacen con ácido en vena,
las ojeadas se esparcen en mitad de un callejón
con las aceras más limpias que antes de ayer
y sin cubos de basura repletos de mentiras y barro de engaño.

No me muerden detrás del cuello
sosteniéndome en un montón de hierro viejo.
No hemos tenido ni tiempo ni venganza
para acabar con los cabos sueltos
de una mañana fría y de una noche de verano,
anclada a un libro negro pegado a la espalda.

Ahora sigue sonando
la misma canción de hace dos años,
pero del revés,
y sin llanto anegado debajo de la almohada.

Y sigues ahí hasta cuando los retazos
de mi memoria se disuelven y vuelven a no creer en nada,
siquiera en mí,
ni en los besos que nunca me has dado
pero que siempre tuve demasiado cerca.

Tal vez suene el despertador como cada día
y me levante pensando que todo va a ser
un único espejismo sin salida,
pero ha llegado demasiado tarde y la memoria en una mano
suele ser menos frágil que si me cortas lo único que tengo.

Mi remedio restaurado por dos pasos ciegos.

De frente



Mientras mi afonía pliega acordes
en los pasos que marcas cuando me limitas,
el frío me encoge de hombros.

Y espero donde siempre
engañando al frente entre unas baldosas obscuras
de una sin razón anciana,
recogiendo las horas como sobras
ahuyentando lo de hace tiempo,
ya no hiere.

Tu espalda me insinúa como luces de neón
en una puerta sin salida de emergencia
cobrándome peaje al por menor
sin fragmentos de órganos en la cama.

Mi estática sonrisa echa de menos
todas las noches que el reloj marca las tres
y echa de más cada mañana que llego tarde,
uno solo y sin prisa sin mezclarte en el café.

Me prolongas por tu recorrido de carretera
para alcanzar lo que quiero
andando tras la fantasía que carcome por mis ojos,
mientras, yo te sigo por palabras.

Y es que no estamos hechos de porcelana
para seguir bebiendo de esta copa que está tan fría
recordando algo más que un ensayo.

Mientras mi afonía pliega acordes
dejo hundirse letras en el tintero
donde el frío me encoge de hombros
pero te miro de frente y no es tan malo,
es un riesgo que da la cara.

Cedemos de par a impar



Te ofrezco cien hojas consumidas por el humo
para que no juegue el enfado
y nos baile en los huesos el aire y me reste.

Porque se cuece el invierno
en los golpes de mis rodillas,
por cogernos el suelo saltando,
por doblarlas tantas veces impares.

Necesito de nada para desfigurar
mis días tostados que son tus noches
sin mermelada en la cubierta;
no derrames de cerca
dos besos por una mentira
porque los desayunos en tus ojos
no tienen aroma plantados en una maceta
con un aviso entre las hojas.

“A medio lamento mañana
no estaremos fuertes”.

No entiendes,
tendría que quedarme
a vivir en el bolsillo de los restos
mientras todo lo de ahí fuera
sigue pronosticando que huele mal.

Donde tengo las de perder.

No me arrimo a ninguna orilla
por las cosas que me debes.

The game will continue



-¿Qué haces?
-Pensaba en ti.
-¿No me habrás llamado para decirme esa estupidez?, no pierdas el tiempo.
-¿Por qué eres tan dura conmigo?
-Porque no quiero que hagas esto.
-¿El qué?
-Preguntarme, ni que me llames, ni pensar en mí.
-¿Por qué no?
-Ya sabes por qué
-No, ¿por qué?

Me aprisionó un silencio desconcertado, deseando por primera vez que la llamada se cortara o que estallara el teléfono de repente.
....................................................
-Lo que quiero es una respuesta. -Dijo insistiendo.
-¿Sabes? tengo ganas de ver esa sonrisa, es el único lugar donde me dejas entrar.
......................................................................................................................................
Cabizbaja, recordé cuando me dijo que las verdades son medias sin carreras a lo largo de unas piernas bonitas.
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-De una sonrisa no se puede querer. ¿Sabes por qué? -Espeté convencida de mi pregunta.
-Porque tus labios no están hechos para morir en el intento. Porque no necesito depender de ti para sentirme querida, no tengo que regalarte lo que me falta, siquiera la falda, ni la lencería doblada todavía en el segundo cajón. Si así fuera te debería mucho más que tú a mí pero tú no te das cuenta. Seguramente me dirás que me quieres todos los días hasta que te convenzas de que es una palabra que pierde significado y te irás, haciendo hoyos bajo tierra.
Te llevarás la suma de mis maneras aún sabiendo que no puedo darlo todo, habrá despedidas en una puerta muda aunque se caiga el cuadro que está junto a la puerta y siquiera nos reconocerán nuestros ojos donde tantas noches me hablaban a oscuras. Entonces, ya no habrá escapatoria. Serás esa canción que no podré volver a sentir, escuchando una voz que dice “Let there be love” , serás ése otro al que le escriba más muertes, desórdenes y un fracaso más entre la tinta de unas hojas que probablemente acaben en el mismo lugar donde empezaron, en la basura.
-El único problema que tienes es… que eres una cobarde.
-¿A qué viene eso? Si pretendes cabrearme…
-Déjame hablar a mí, creo que tengo el mismo derecho a sublevarme. ¿No?
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Me quitó la palabra con un talante que no había visto antes en él, se entre oía una sonrisa inhumana en donde el después se convertiría en un lobo a punto de lanzarse contra mí para quitarme la razón a toda costa y el hecho de cortarme con firmeza hizo menguar mi seguridad.
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-Tienes miedo a que se te erice la piel con un beso, a darlo todo sin darte apenas cuenta y sentir que no puedes estar mejor, el problema es que crees que las ilusiones son sacos rotos que se desmoronan con sólo una palmada en la espalda al minuto siguiente, crees que todo va a salir mal y tienes pánico al fracaso cuando estás metida de lleno. Vas con pies de plomo observando lo que ocurre a tu alrededor, sin actuar. Siempre sales corriendo cuando estoy cerca. Siempre huyes de ti misma, cuando sabes de lo que eres capaz. ¿Me equivoco? Dime la verdad.
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Me sentí por momentos como profanada por aquel tipo, pero para mi desgracia, tenía toda la razón.
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-¿Piensas que porque te crees que me conoces, voy a darte una oportunidad? Las oportunidades cazan mariposas en una red de alambre y yo no voy a ser quién caiga en ésas redes, al menos, en las tuyas.
-Tal vez no te has dado cuenta, pero ya has caído. -Respondió con la misma seguridad de antes, como si la vida le fuera en ello.
-¿Tú crees que es tan fácil? -Pregunté con la única voz que me permitían mis ojos, ensimismada, estaba a punto de romper a llorar.
-Sólo creo lo que te niegas a admitir.
-Entonces seguirás dando vueltas en balde.
-¿Pero… me escribirás? -Me preguntó como si mencionarlo en mis letras significara una esperanza.
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Pensé con la certeza de que si le dedicaba una sola letra del abecedario, tal vez se olvidaría en el cajón de la lencería, en el cenicero de los cigarros apagados o en algún libro con una flor seca en una página de esas que prefiero guardar para el recuerdo.
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-Nunca lo sabrás. .......................................................................................................................................
Colgué el teléfono en acto seguido y lo que no le dije es que siempre lo haría a escondidas.

Quimeras de bajo coste



Te gustaría abrirme de una bocanada
para desencajar de una orden lo que simulo
estirándote sobre mis brazos escuálidos,
donde dices que nunca mientes
cuando escupes que no eres el mismo.

Siempre llegas eterno haciendo cosquillas al suelo,
coleando a media manzana hacia la chica
de mirada insuficiente presumiendo que puedes ganar.
Deambulando despierto,
crees tienes derecho a morderte el labio al reírte
deseando dos pares de piernas mal pagadas,
y sentirte mejor que nunca.

Crees que la quinta esencia
es una burda invención con escrúpulos innecesarios,
por ello, prefiero entender lo que no crees para sentirme a salvo
y despedir de una vez y desarmando de un portazo
la madera hueca por la punta de la mediocridad.

Tendría que malversarme de rencores,
de la utopía,
la mala sangre,
los besos largos,
las medias rotas,
el sexo medio seguro,
de un sin nosotros,
de ti,
de todo,
de nadie.

No puedo costearte el viaje
porque no te menciono a boca grande
para desvalijar mis deseos
retumbando mi estómago con una eufonía al vacío,
más que nada,
porque aquí no hay mercaderes de sueños.



Entre copas



La carnaza se respalda entre los mil pliegos
de bocas rajadas con sabor a menta fresca
y colonia de marca por la media calzada

hacia la nuez de Adán.

Me dijo que me echaba de menos,
que mi sonrisa le recordaba

a una nueva copa de ron.

Lejos, donde nadie cuela las mentiras
y las verdades se convierten en medias,
se hacen caminos a voz en cuello
en forma de fracciones borrosas.


Las malas caras me invaden porque no sé,
no entiendo de lenguas jadeantes

y días vespertinos en un acomodado agro
sembrado junto a forrajes enfermos.
No entiendo de miradas empolvadas
ni de promesas que entienden

de lluvia ácida a ras de ojos caídos.

No hay invitaciones cuando
las apuntas con el revólver
ni copas llenas cuando hablamos
de si te cuelgo a un lado de la pared.
Mis miedos son sólo míos

y si no tengo boca para besarte
cámbiame por otra copa de ron.

Príncipes y otros cuentos



Llegado al final de los puntos suspensivos tal y como escribió Joaquín Sabina, no veo mucho cauce para asomar la frente y pasear cerca de la orilla por si acaso alguien te arroja y no tiene la decencia de salvarte, algo así pasa con la palabra más famosa del mundo, amor, algunos la tienen como peregrinación cada semana, hay quien tiene suerte y lo sostiene haciendo malabares sin que haga una escapada, existen los que no quieren oír ni hablar del tema, y otros, sencillamente no están.

Te inventas un beso y te relato un cuento, esto es propio de los que usan la palabra en vano para alcanzar propuestas indecentes al principio del camino, cada respuesta incoherente puede ser una trampa mortal a los ojos de quien no nos quiere ver como una costumbre habitual. A ratos largos recuerdo la infancia porque era la época más bonita de mi corta vida, tenía todo lo que podía imaginar, todos los sueños en una caja de muñecas y la sonrisa inocente que aunque sigue persistiendo ya no es tan cándida. Respiraba otro ambiente a mi alrededor que resultaba sereno, era un olor a Chupa chups de chicle y palomitas de maíz dulce. A solas, me imaginaba como sería cuando tuviese dieciocho años y la realidad se ha hecho suspicaz en el trastero de mi mente pequeña, nunca me imaginé tal y como surjo en la película de cuento ya que se fue haciendo cada vez más tórrida. Recuerdo que quise ser veterinaria, enfermera, amazona y mil historias de princesas de cuento con un fueron felices y comieron perdices. Las perdices debí comerlas hace mucho tiempo atrás y la felicidad empecé a suponer que no existe en su totalidad. Los cuentos, se fueron arrastrando hasta las alcantarillas y no me dejaron leer más besos de mentira, nunca entendí porque Blancanieves tenía que esperar al príncipe para despertar de su lánguido sueño, tal vez, se hacía cadáver para que él no volviera.

Observo historias de graffiti pintadas en los ojos de los demás, me gustaría convencer a aquellos de miradas marcadas en las que se late decepción, que todavía puede haber un cuento para cada uno y que no es mentira. Debe ser que me queda todavía un viaje infinito en el que me toca averiguar si la felicidad no es una falacia, como cuando me preguntan que tal estás y contesto que no me puede ir mejor.

Me apetece


Me apetece beber del suelo
y que las raíces notifiquen que hay un raíl con salida,
con retales de pretextos sin un nombre bordado en una esquina
y verte llegar algún día, sin palabras que dormiten mis sentidos,
sin pedidas de mano en un antes de ayer, sin caracolas muertas
bajo el alarido de una mujer que no soporta que sus ligas sean tirantes.

Me apetece ir más allá donde nunca he estado
e imaginarme tu rostro por la ventana sin pensar,
nunca me gustó hablar cuando parpadean los campos
ni cuando me hablas sin escuchar una palabra.
Nunca me gustó tocar lo que en sueños no me hace daño.

No es nada, tan solo unas palabras de aliento
he llevado la mente caliente, el corazón frío
y un par de piernas templadas para seguir adelante.
No es nada, sólo son mis viejas pertenencias y mis nuevas defensas.

Me apetece robarte el llanto y llevarlo lejos conmigo
donde siempre hallaré la correspondencia,
el rincón de las canciones,
escribir frases gravadas en un óleo en blanco y negro
y dibujarte la sonrisa a media asta.
¿Por qué?
Porque no existes y me apetece inventarte.

Muecas fruncidas



Esta noche descuida porque mis labios están sellados, es extraño pero hace tiempo que no abro la boca porque no tengo sed y mi cuerpo poco a poco consume el alimento propio abastecido entre humos, huesos, piel y sangre y un montón de vísceras que no alcanzo a comprender. Mi cuerpo es frágil y apenas unos kilos llegan mas allá de la sonrisa de una sombra aunque la mía sólo devuelva en algunos casos muecas fruncidas.

Hace unas noches alguien me dijo algo en lo que nunca me había parado a pensar. La conversación taladraba de la siguiente manera:

-Recuerdo que ayer me dijiste que las preguntas no caducaban.- Me dijo él
-Sí, cierto, ¿tienes alguna?
-La verdad es que no, pero ya que estamos hablando, me gustaría que quedáramos algún fin de semana ya que no tengo nada que hacer y si tú tampoco … nunca rechazo dar una vuelta a Mediamarket.
( Mi asombro no sé si fue que realizó la oferta como si yo le hubiera invitado o ir a dar una vuelta a ver tecnología en una tienda)
-Sí, claro algún día ya te diré algo. Perdona pero … me tengo que ir, llego tarde. -Espeté.
-Sabía que ibas a decir eso.
-¿Cómo lo sabías?
-Porque siempre te vas ocho minutos antes de la hora en punto.
-Debe ser algo sintomático. -Comenté sin ninguna importancia.
-Eres como un reloj cien veces adelantado, ahora estás y en una milésima de segundo no dejas ni la sombra de tu fluidez. Espero verte de nuevo.
-Algún día nos veremos. ( La última vez que dije eso creí que no volvería a verle y reapareció entre las palabras una de mis muecas fruncidas)
-Me hace gracia las caras que pones cuando me mientes.
-No eres el único que me ha dicho eso.



Después de ésta conversación me pregunté si él me había captado en unos meses lo que nadie había visto nunca, después de mi tropiezo con un estudiante que iba para bombero no vinieron muchos más, un triángulo amoroso de tipo viuda negra con la determinación de sexo xy se cierne a pocos metros y yo sólo puedo tejer una telaraña y salir por la primera salida de emergencia. Me sigo defendiendo, nunca lo he negado, pero la libertad es muy cara de conseguir y yo todavía no he despegado las alas.

Odio los poemas de amor en mensajes de servidores de baja calidad, los maremotos en forma de preguntas, los te quiero en dos días, los de una semana y creo que todos los tiempos habidos y por haber, un ramo de flores sin flores, la frase de “yo no soy como los demás“, las promesas que nunca finalizan, odio las risas inocentes de un comienzo porque nunca lo son, odio que me llamen con un diminutivo y que echen abajo los cimientos de mis opiniones, odio, sobre todo, que vigilen lo que no soy.

Historias que no duermen

Siempre llueve los catorce de cada mes antes de anochecer.
Nunca me gustó dormir con peluches porque al despertar yacían debajo de la cama en un rincón, no sé si era sonámbula y lo hacía inconscientemente con el propósito de alejar la mentira de apego exánime o simplemente lo dejaba caer por los malos sueños y vueltas en la cama. Ahora meramente sueño con personas desconocidas, grito sin que nadie me oiga y algunos más tétricos que prefiero no inmortalizar. Hay pequeñas cosas que hacemos sin darnos cuenta y que se prolongan con el tiempo, desde que tengo uso de razón se menciona un sonido único y que ha formado parte de mi vida y creo que no podría vivir sin él, es la resonancia de la puerta cuando la cierra mi padre. Él tiene todo lo que nos falta a los tres y el que me levanta sin mediar palabra, él no lo sabe pero me ha enseñado más que todos éstos años de estudiante y Ella que es la persona por la cual tengo el nombre, es la dedicación y la admiración por la lucha.


La vida me trató como pudo y aprendí a crecer antes de tiempo, lo cierto es, que no tuve grandes problemas, los orígenes eran ajenos pero todos me afectaban, supongo que lo que conlleva a poder ilustrarse desde el otro lado es aprender a mirar a otros y de paso aprender a llevarlo con la cara alta y los pies en el suelo. Siempre hay un comienzo y yo creo que he retomado mi vida unos cientos de veces, siempre me renuevo porque aborrezco mirarme en el espejo y no reconocerme. A lo largo de nuestra existencia hay acontecimientos que sellan el suelo donde nos acomodamos y por más que restreguemos nunca nos descuidan, el tiempo suele ser un buen maquillaje para disimular lo que nos ha resquebrajado. Leí una vez que el miedo es un elemento de supervivencia que mediante el temor a que nos ocurra cualquier cosa aprendemos y salimos de las situaciones más engorrosas.


He tenido miedo tantas veces como me he renovado y algunos se han ido despedazando y agujereando por el camino, pero otros siguen persistiendo aunque no quiera darles vida porque ya no me pueden hacer mella como cuando me hacía creer mi hermano que los camellos de los reyes magos vendrían a por mí y me comerían, sí, la noche de reyes era la peor de mi vida, pese a los regalos que dejaban supuestamente los reyes ilustres debajo del árbol.


He conocido gente de todo tipo y también muy particulares, tenía una amiga que se psicoanalizaba, cosa que siempre me ha parecido interesante pero analizarme a mí misma resultaría aún más traumático que echar la vista atrás, otros se esmeran en ligar cada sábado por la noche sin conseguir presa alguna y ante la decepción nunca desesperan, están al acecho las veinticuatro horas del día y … ando yo, que debo ser una especie extraña impugnando cualquier elemento que lleve la palabra amor por algún lado, suelo salir corriendo a la primera de cambio sin dejar siquiera las huellas en el suelo para que no puedan encontrarme.

A parte de todo esto, no soy todo lo que lees, pero lo que lees, sí que conduce con huellas.

Hijos de incógnitas



La noche se acuesta en tus hombros
entre las almohadillas de tu carne y hueso
encubriendo a tu nuca la inconsciencia cara
que nos sufraga a un descenso lejos de la mesura.

La soledad es un saco roto envuelto entre el cuello
gritando desespero en una puerta hinchada.
¿Que me quieres? No es una gran locura,
es una densa paranoia en tus ojos
a punto de lanzarse hacia un choque frontal
contra ningún fin.

Lo he sentido más de dos veces
y es más que suficiente
para saber lo que no quiero
porque mis miserias se componen
del mar abierto que no ven tus ojos, ni los míos.

Mis experiencias triviales tocan fondo
cada vez que alguien toca las hileras de mi orgullo
junto al cenicero rebosado de insuficiencia,
pero es mejor que estar esperando a ver si vuelves
y caminar descalza en círculos
en una habitación cuadrada
desaprobando lo que tal vez algún día haga.

No sé si realmente pido lo que quiero
o necesito querer sin tener nada a cambio.
¿Tú me lo puedes dar?
Creo que no, porque hoy necesito el cielo
y mañana tragarme en el lavabo,
echando por tierra hijos de incógnitas.

Juguemos a ser niños



Juguemos a ser niños
descubriendo trazos en la pared
sin acariciar al pánico en acto seguido.

Quiero recriminarle al pasado,
al que tanto quisimos cuando actuábamos
a ser mayores en un teatro teñido de rosa,
y el que nos impuso las reglas del juego
en un escenario a medio hacer.

No puedo despegar del suelo la puerta perforada después
de que tu mirada de párvulo me abandonara
sin un beso con sabor a sándwich,
ni cuando mis palabras se apartaron de tus cristales
por incógnitas de terceros
exhibidos en chupitos de Wishky.

Juguemos a ser niños y descríbeme la infancia
en colores de papel, con la magia en la que ya no creo,
la rebeldía que me sobra y el amor que nunca conocí.

No llego a recordar tan lejana nuestra edad,
tan cercanas nuestras bocas
y tanto tiempo pasado para acapararlo
con la sonrisa de dos inocentes
en una tienda de marionetas.

No quiero que muera otra historia de Shakespeare,
ni el primer reencuentro bajo dos sombras permutadas
apostando a ser mayores.

Juguemos a ser niños y recuérdame
más de una vez como se hacía,
acompáñame de la mano, contracorriente;
terminemos el escenario invertido

Vidas paralelas


Dos siluetas se encaraman
en el mismo sino descorchando
botes de cristal con los dientes.

Somos dos prófugas sin zapatos,
destapando el bizcocho de chocolate devorado,
yo huyo de él y sueño con todos, ella alterna en cada hombre de fin de semana

Encargamos los mismos errores de norte a sur,
busca un cuello caliente donde sosegar la cintura,
sus recuerdos y su muerte colgada hace tres años.

Hizo que mi vida se sujetara en la suya
en el momento que la miré por primera vez,
esbozada en una octavilla a carboncillo
con la vista impenetrable, buscando
a alguien que la reconociese con la mirada.

Yo asiento deambulando por rincones
observando a la gente y preguntándome
si puede ser él tras la cortina de misterio
el que me deje ver mi infancia en sus manos
y volver a besar en la mejilla al niño de siete años.

Somos irregulares
pero caemos al mismo compás,
sacamos las ruinas para adornarlas
y hacerlas más útiles a nuestros ojos.

Ella me enseña lo que no debo hacer.

Yo la invito a sentarnos
a vigilar los pájaros de noche.

Dedicado a mi amiga Sara que aunque no lo sepa, también la escribo.

Despedidas



Con la coartada a cuestas
me hundo al fondo del cenicero aún candente,
sustraigo accidentes de intervalos
y los incinero en las “calderas de Pedro Botero”.

Con la distante inscripción en pretérito imperfecto
se esnifa el mismo hedor,
el hoy del mañana, el hola del adiós
que me saben a las maltrechas palabras
de un mediodía hendido.

Las arrugas de los nudillos me susurran
que un día fuimos gigantescos,
que nos tomamos el mundo con las dos manos,
dejando en frente al toro corneado
con la franqueza sorda articulada como una Baby Doll.

Los espacios transitan por nuestro peso
recordando en círculos las sentencias discontinuas,
se echan la siesta bostezando la última hora,
caminan a hurtadillas las láminas mal colgadas en la pared,
el agua, haciendo la última reverencia,
las risas cerradas con alambre de hostilidad.

Pero cada vez se pone el sol a deshora,
lo miro con un efecto óptico lidiado
sabiendo que todo tiene un principio
y que nada tiene un final perfecto.

Las bienvenidas se llaman primavera
y las tierras paupérrimas …
son los ojos de despedida de octubre.

Sobre el mismo poema



Dibujaba aguas de acuarelas
asfaltando aceras al vuelo
dejando su aliento
azotado en el exterior.

Llegó a infectarse de humores
con sabor a llanto quemado,
pero ahora se cuelga un velo de sonrisa
y nos engaña a todos diciendo que es navidad.

En cada carencia se desliza lento
y cree que cada vez se derrama menos.

Se mordía los labios
aguantando a que él repitiera de nuevo,
no entendía que el único amor se va mucho
más deprisa que un mensajero
sin cartas una vez al año,
no sabía que las telarañas se olvidarían
con el cielo roto escupiendo a las nubes.

Se cuelga de la piel ante sus únicas menciones,
cuenta con esa voz íntima
y partida cuando nadie la mira,
no se refleja en los espejos
ni tiene vida como Goulue,
tiene mente de mujer escondida
bajo las inocentes manos de una niña.

Anestesia los meses de otoño
oliendo a húmedo y exhalando ausencias,
prefiere el azul del cielo a las nubes rotas,
las rosas blancas, el olor a lilas en el salón,
un par de hojas, un bolígrafo sin tinta
y volver a escribir sobre el mismo poema.

Caída de ojos


Mi lugar no tiene recinto de feria
ni algodón de azúcar en el borde de la boca,
caí antes de atraparme en la perplejidad sobria
con un sorbo menos de ti
con un trago más de nadie.

Se me ata la noche al flequillo
cuando intento repararme del otro lado,
mi revés me orienta hacia el norte
y me viene una canción a fondo rasgado,
allá tan lejos,
donde las ruinas se hacen agua
y se zambullen los ojos
en una amnesia disfrazada de puta.

Aún está muy lejos para ver
si te echaré de menos o de más,
la duda desmayada me hace acelerar
por un camino oblicuo, estéril,
lejos de las pautas de los lunares.

Nos sostenemos solos
con la única ayuda
de quién nos vería caer,
te he soñado
y veo el ambiente más serio.

Son las ocho de la mañana
cierro los ojos,
observo a las sombras de mi espacio
y me saludas como si nada
nos hubiera alterado.

El convoy

Un viaje más y te estaré lanzando
a la vía del tren para ver
el reflejo del rojo sangre
en los raíles y educarnos para vivir
como las piedras que yacen acomodadas
entre barrotes oxidados y sin vida
acallando los sonidos de nuestra cabeza.

Llegamos demasiado pronto tal vez
a un viaje sin retorno firme,
los billetes se intercambiaron
por manchas rojizas
donde nos escoltaba
la arcaica corriente de soplo suicida.

Los lunares y el moho de un café solo
despedazaron a nuestros monstruos
de colores serios, de caras ligadas
y de devaneos lapidando al frío
donde tiritaban mis piernas.

Pudiera ser entre las ventanillas
una irradiación que nos ciega
sin cobardía de poder o querer,
procurando no deshilar al tiempo
cuando centellean panoramas indefinidos.

Pudiera ser cualquier cosa
menos tú y yo retándonos
en carriles inversos,
escarbando por los bajos de un vestido
inocente y sin vistas.

Para nadie



Los días llegaban en un desmedido cosquilleo
para verter unas palabras en el ombligo de tu locura,
escuchar tus humeantes alaridos
por debajo del impreso con tu pulso
y escarbar entre tus cientos de frentes
y latentes palabras en una novela mezclada en bazofia.

Convirtiendo mi silencio en un enigma
embestías contra mí por si reaccionaba
y te mandaba por lo menos a la orilla de mi sonrisa,
veté mi mala lengua por si te creía
y se abrazaba de nuevo a la dureza de tu hebra sensible.

Malgasté sobrados movimientos desmañados
al recorrernos en el espejismo de nuestra vida y otro,
en la esquina de la calle mandando ilusiones desde lejos,
se salvaron los pies como yo
cuando empezaste a no violar a mi boca,
pequeña y despistada.

Creo que te quería o que me provocabas
por eso odio a los segundos en errores ingentes
que estilamos en el hueco partido de una lengüeta,
los daños negligentes se acuestan en la cintura
y resbalan cuando no ven donde planear.

Aquellos hormigueos que maté de una estampida
se lamen el recuerdo en un poema para nadie.


ACLARACIÓN: Éstos dos siguientes poemas son del mes de julio, por motivos digamos... desconocidos no los publiqué en éste blog.