30 diciembre, 2008

Tras pasos de plomo


Mientras las cárceles se deshacen con ácido en vena,
las ojeadas se esparcen en mitad de un callejón
con las aceras más limpias que antes de ayer
y sin cubos de basura repletos de mentiras y barro de engaño.

No me muerden detrás del cuello
sosteniéndome en un montón de hierro viejo.
No hemos tenido ni tiempo ni venganza
para acabar con los cabos sueltos
de una mañana fría y de una noche de verano,
anclada a un libro negro pegado a la espalda.

Ahora sigue sonando
la misma canción de hace dos años,
pero del revés,
y sin llanto anegado debajo de la almohada.

Y sigues ahí hasta cuando los retazos
de mi memoria se disuelven y vuelven a no creer en nada,
siquiera en mí,
ni en los besos que nunca me has dado
pero que siempre tuve demasiado cerca.

Tal vez suene el despertador como cada día
y me levante pensando que todo va a ser
un único espejismo sin salida,
pero ha llegado demasiado tarde y la memoria en una mano
suele ser menos frágil que si me cortas lo único que tengo.

Mi remedio restaurado por dos pasos ciegos.

25 diciembre, 2008

De frente


Mientras mi afonía pliega acordes
en los pasos que marcas cuando me limitas,
el frío me encoge de hombros.

Y espero donde siempre
engañando al frente entre unas baldosas obscuras
de una sin razón anciana,
recogiendo las horas como sobras
ahuyentando lo de hace tiempo,
ya no hiere.

Tu espalda me insinúa como luces de neón
en una puerta sin salida de emergencia
cobrándome peaje al por menor
sin fragmentos de órganos en la cama.

Mi estática sonrisa echa de menos
todas las noches que el reloj marca las tres
y echa de más cada mañana que llego tarde,
uno solo y sin prisa sin mezclarte en el café.

Me prolongas por tu recorrido de carretera
para alcanzar lo que quiero
andando tras la fantasía que carcome por mis ojos,
mientras, yo te sigo por palabras.

Y es que no estamos hechos de porcelana
para seguir bebiendo de esta copa que está tan fría
recordando algo más que un ensayo.

Mientras mi afonía pliega acordes
dejo hundirse letras en el tintero
donde el frío me encoge de hombros
pero te miro de frente y no es tan malo,
es un riesgo que da la cara.

11 diciembre, 2008

Cedemos de par a impar


Te ofrezco cien hojas consumidas por el humo
para que no juegue el enfado
y nos baile en los huesos el aire y me reste.

Porque se cuece el invierno
en los golpes de mis rodillas,
por cogernos el suelo saltando,
por doblarlas tantas veces impares.

Necesito de nada para desfigurar
mis días tostados que son tus noches
sin mermelada en la cubierta;
no derrames de cerca
dos besos por una mentira
porque los desayunos en tus ojos
no tienen aroma plantados en una maceta
con un aviso entre las hojas.

“A medio lamento mañana
no estaremos fuertes”.

No entiendes,
tendría que quedarme
a vivir en el bolsillo de los restos
mientras todo lo de ahí fuera
sigue pronosticando que huele mal.

Donde tengo las de perder.

No me arrimo a ninguna orilla
por las cosas que me debes.

05 diciembre, 2008

The game will continue



-¿Qué haces?
-Pensaba en ti.
-¿No me habrás llamado para decirme esa estupidez?, no pierdas el tiempo.
-¿Por qué eres tan dura conmigo?
-Porque no quiero que hagas esto.
-¿El qué?
-Preguntarme, ni que me llames, ni pensar en mí.
-¿Por qué no?
-Ya sabes por qué
-No, ¿por qué?

Me aprisionó un silencio desconcertado, deseando por primera vez que la llamada se cortara o que estallara el teléfono de repente.

-Lo que quiero es una respuesta. -Dijo insistiendo.
-¿Sabes? tengo ganas de ver esa sonrisa, es el único lugar donde me dejas entrar.


Cabizbaja, recordé cuando me dijo que las verdades son medias sin carreras a lo largo de unas piernas bonitas.

-De una sonrisa no se puede querer. ¿Sabes por qué? -Espeté convencida de mi pregunta.
-Porque tus labios no están hechos para morir en el intento. Porque no necesito depender de ti para sentirme querida, no tengo que regalarte lo que me falta, siquiera la falda, ni la lencería doblada todavía en el segundo cajón. Si así fuera te debería mucho más que tú a mí pero tú no te das cuenta. Seguramente me dirás que me quieres todos los días hasta que te convenzas de que es una palabra que pierde significado y te irás, haciendo hoyos bajo tierra.
Te llevarás la suma de mis maneras aún sabiendo que no puedo darlo todo, habrá despedidas en una puerta muda aunque se caiga el cuadro que está junto a la puerta y siquiera nos reconocerán nuestros ojos donde tantas noches me hablaban a oscuras. Entonces, ya no habrá escapatoria. Serás esa canción que no podré volver a sentir, escuchando una voz que dice “Let there be love” , serás ése otro al que le escriba más muertes, desórdenes y un fracaso más entre la tinta de unas hojas que probablemente acaben en el mismo lugar donde empezaron, en la basura.
-El único problema que tienes es… que eres una cobarde.
-¿A qué viene eso? Si pretendes cabrearme…
-Déjame hablar a mí, creo que tengo el mismo derecho a sublevarme. ¿No?

Me quitó la palabra con un talante que no había visto antes en él, se entre oía una sonrisa inhumana en donde el después se convertiría en un lobo a punto de lanzarse contra mí para quitarme la razón a toda costa y el hecho de cortarme con firmeza hizo menguar mi seguridad.

-Tienes miedo a que se te erice la piel con un beso, a darlo todo sin darte apenas cuenta y sentir que no puedes estar mejor, el problema es que crees que las ilusiones son sacos rotos que se desmoronan con sólo una palmada en la espalda al minuto siguiente, crees que todo va a salir mal y tienes pánico al fracaso cuando estás metida de lleno. Vas con pies de plomo observando lo que ocurre a tu alrededor, sin actuar. Siempre sales corriendo cuando estoy cerca. Siempre huyes de ti misma, cuando sabes de lo que eres capaz. ¿Me equivoco? Dime la verdad.

Me sentí por momentos como profanada por aquel tipo, pero para mi desgracia, tenía toda la razón.

-¿Piensas que porque te crees que me conoces, voy a darte una oportunidad? Las oportunidades cazan mariposas en una red de alambre y yo no voy a ser quién caiga en ésas redes, al menos, en las tuyas.
-Tal vez no te has dado cuenta, pero ya has caído. -Respondió con la misma seguridad de antes, como si la vida le fuera en ello.
-¿Tú crees que es tan fácil? -Pregunté con la única voz que me permitían mis ojos, ensimismada, estaba a punto de romper a llorar.
-Sólo creo lo que te niegas a admitir.
-Entonces seguirás dando vueltas en balde.
-¿Pero… me escribirás? -Me preguntó como si mencionarlo en mis letras significara una esperanza.

Pensé con la certeza de que si le dedicaba una sola letra del abecedario, tal vez se olvidaría en el cajón de la lencería, en el cenicero de los cigarros apagados o en algún libro con una flor seca en una página de esas que prefiero guardar para el recuerdo.

-Nunca lo sabrás.
Colgué el teléfono en acto seguido y lo que no le dije es que siempre lo haría a escondidas.

22 noviembre, 2008

Quimeras de bajo coste



Te gustaría abrirme de una bocanada
para desencajar de una orden lo que simulo
estirándote sobre mis brazos escuálidos,
donde dices que nunca mientes
cuando escupes que no eres el mismo.

Siempre llegas eterno haciendo cosquillas al suelo,
coleando a media manzana hacia la chica
de mirada insuficiente presumiendo que puedes ganar.
Deambulando despierto,
crees tienes derecho a morderte el labio al reírte
deseando dos pares de piernas mal pagadas,
y sentirte mejor que nunca.

Crees que la quinta esencia
es una burda invención con escrúpulos innecesarios,
por ello, prefiero entender lo que no crees para sentirme a salvo
y despedir de una vez y desarmando de un portazo
la madera hueca por la punta de la mediocridad.

Tendría que malversarme de rencores,
de la utopía,
la mala sangre,
los besos largos,
las medias rotas,
el sexo medio seguro,
de un sin nosotros,
de ti,
de todo,
de nadie.

No puedo costearte el viaje
porque no te menciono a boca grande
para desvalijar mis deseos
retumbando mi estómago con una eufonía al vacío,
más que nada,
porque aquí no hay mercaderes de sueños.



17 noviembre, 2008

Entre copas



La carnaza se respalda entre los mil pliegos
de bocas rajadas con sabor a menta fresca
y colonia de marca por la media calzada

hacia la nuez de Adán.

Me dijo que me echaba de menos,
que mi sonrisa le recordaba

a una nueva copa de ron.

Lejos, donde nadie cuela las mentiras
y las verdades se convierten en medias,
se hacen caminos a voz en cuello
en forma de fracciones borrosas.


Las malas caras me invaden porque no sé,
no entiendo de lenguas jadeantes

y días vespertinos en un acomodado agro
sembrado junto a forrajes enfermos.
No entiendo de miradas empolvadas
ni de promesas que entienden

de lluvia ácida a ras de ojos caídos.

No hay invitaciones cuando
las apuntas con el revólver
ni copas llenas cuando hablamos
de si te cuelgo a un lado de la pared.
Mis miedos son sólo míos

y si no tengo boca para besarte
cámbiame por otra copa de ron.

15 noviembre, 2008

Príncipes y otros cuentos



Llegado al final de los puntos suspensivos tal y como escribió Joaquín Sabina, no veo mucho cauce para asomar la frente y pasear cerca de la orilla por si acaso alguien te arroja y no tiene la decencia de salvarte, algo así pasa con la palabra más famosa del mundo, amor, algunos la tienen como peregrinación cada semana, hay quien tiene suerte y lo sostiene haciendo malabares sin que haga una escapada, existen los que no quieren oír ni hablar del tema, y otros, sencillamente no están.

Te inventas un beso y te relato un cuento, esto es propio de los que usan la palabra en vano para alcanzar propuestas indecentes al principio del camino, cada respuesta incoherente puede ser una trampa mortal a los ojos de quien no nos quiere ver como una costumbre habitual. A ratos largos recuerdo la infancia porque era la época más bonita de mi corta vida, tenía todo lo que podía imaginar, todos los sueños en una caja de muñecas y la sonrisa inocente que aunque sigue persistiendo ya no es tan cándida. Respiraba otro ambiente a mi alrededor que resultaba sereno, era un olor a Chupa chups de chicle y palomitas de maíz dulce. A solas, me imaginaba como sería cuando tuviese dieciocho años y la realidad se ha hecho suspicaz en el trastero de mi mente pequeña, nunca me imaginé tal y como surjo en la película de cuento ya que se fue haciendo cada vez más tórrida. Recuerdo que quise ser veterinaria, enfermera, amazona y mil historias de princesas de cuento con un fueron felices y comieron perdices. Las perdices debí comerlas hace mucho tiempo atrás y la felicidad empecé a suponer que no existe en su totalidad. Los cuentos, se fueron arrastrando hasta las alcantarillas y no me dejaron leer más besos de mentira, nunca entendí porque Blancanieves tenía que esperar al príncipe para despertar de su lánguido sueño, tal vez, se hacía cadáver para que él no volviera.

Observo historias de graffiti pintadas en los ojos de los demás, me gustaría convencer a aquellos de miradas marcadas en las que se late decepción, que todavía puede haber un cuento para cada uno y que no es mentira. Debe ser que me queda todavía un viaje infinito en el que me toca averiguar si la felicidad no es una falacia, como cuando me preguntan que tal estás y contesto que no me puede ir mejor.

10 noviembre, 2008

Me apetece


Me apetece beber del suelo
y que las raíces notifiquen que hay un raíl con salida,
con retales de pretextos sin un nombre bordado en una esquina
y verte llegar algún día, sin palabras que dormiten mis sentidos,
sin pedidas de mano en un antes de ayer, sin caracolas muertas
bajo el alarido de una mujer que no soporta que sus ligas sean tirantes.

Me apetece ir más allá donde nunca he estado
e imaginarme tu rostro por la ventana sin pensar,
nunca me gustó hablar cuando parpadean los campos
ni cuando me hablas sin escuchar una palabra.
Nunca me gustó tocar lo que en sueños no me hace daño.

No es nada, tan solo unas palabras de aliento
he llevado la mente caliente, el corazón frío
y un par de piernas templadas para seguir adelante.
No es nada, sólo son mis viejas pertenencias y mis nuevas defensas.

Me apetece robarte el llanto y llevarlo lejos conmigo
donde siempre hallaré la correspondencia,
el rincón de las canciones,
escribir frases gravadas en un óleo en blanco y negro
y dibujarte la sonrisa a media asta.
¿Por qué?
Porque no existes y me apetece inventarte.

07 noviembre, 2008

Muecas fruncidas



Esta noche descuida porque mis labios están sellados, es extraño pero hace tiempo que no abro la boca porque no tengo sed y mi cuerpo poco a poco consume el alimento propio abastecido entre humos, huesos, piel y sangre y un montón de vísceras que no alcanzo a comprender. Mi cuerpo es frágil y apenas unos kilos llegan mas allá de la sonrisa de una sombra aunque la mía sólo devuelva en algunos casos muecas fruncidas.
Hace unas noches alguien me dijo algo en lo que nunca me había parado a pensar. La conversación taladraba de la siguiente manera:

-Recuerdo que ayer me dijiste que las preguntas no caducaban.- Me dijo él
-Sí, cierto, ¿tienes alguna?
-La verdad es que no, pero ya que estamos hablando, me gustaría que quedáramos algún fin de semana ya que no tengo nada que hacer y si tú tampoco … nunca rechazo dar una vuelta a Media Markt.
( Mi asombro no sé si fue que realizó la oferta como si yo le hubiera invitado o ir a dar una vuelta a ver tecnología en una tienda)
-Sí, claro algún día ya te diré algo. Perdona pero … me tengo que ir, llego tarde. -Espeté.
-Sabía que ibas a decir eso.
-¿Cómo lo sabías?
-Porque siempre te vas ocho minutos antes de la hora en punto.
-Debe ser algo sintomático. -Comenté sin ninguna importancia.
-Eres como un reloj cien veces adelantado, ahora estás y en una milésima de segundo no dejas ni la sombra de tu fluidez. Espero verte de nuevo.
-Algún día nos veremos. ( La última vez que dije eso creí que no volvería a verle y reapareció entre las palabras una de mis muecas fruncidas)
-Me hace gracia las caras que pones cuando me mientes.
-No eres el único que me ha dicho eso.

Después de ésta conversación me pregunté si él me había captado en unos meses lo que nadie había visto nunca, después de mi tropiezo con un estudiante que iba para bombero no vinieron muchos más, un triángulo amoroso de tipo viuda negra con la determinación de sexo xy se cierne a pocos metros y yo sólo puedo tejer una telaraña y salir por la primera salida de emergencia. Me sigo defendiendo, nunca lo he negado, pero la libertad es muy cara de conseguir y yo todavía no he despegado las alas.

Odio los poemas de amor en mensajes de servidores de baja calidad, los maremotos en forma de preguntas, los te quiero en dos días, los de una semana y creo que todos los tiempos habidos y por haber, un ramo de flores sin flores, la frase de “yo no soy como los demás“, las promesas que nunca finalizan, odio las risas inocentes de un comienzo porque nunca lo son, odio que me llamen con un diminutivo y que echen abajo los cimientos de mis opiniones, odio, sobre todo, que vigilen lo que no soy.

02 noviembre, 2008

Historias que no duermen

Siempre llueve los catorce de cada mes antes de anochecer.
Nunca me gustó dormir con peluches porque al despertar yacían debajo de la cama en un rincón, no sé si era sonámbula y lo hacía inconscientemente con el propósito de alejar la mentira de apego exánime o simplemente lo dejaba caer por los malos sueños y vueltas en la cama. Ahora meramente sueño con personas desconocidas, grito sin que nadie me oiga y algunos más tétricos que prefiero no inmortalizar. Hay pequeñas cosas que hacemos sin darnos cuenta y que se prolongan con el tiempo, desde que tengo uso de razón se menciona un sonido único y que ha formado parte de mi vida y creo que no podría vivir sin él, es la resonancia de la puerta cuando la cierra mi padre. Él tiene todo lo que nos falta a los tres y el que me levanta sin mediar palabra, él no lo sabe pero me ha enseñado más que todos éstos años de estudiante y Ella que es la persona por la cual tengo el nombre, es la dedicación y la admiración por la lucha.



La vida me trató como pudo y aprendí a crecer antes de tiempo, lo cierto es, que no tuve grandes problemas, los orígenes eran ajenos pero todos me afectaban, supongo que lo que conlleva a poder ilustrarse desde el otro lado es aprender a mirar a otros y de paso aprender a llevarlo con la cara alta y los pies en el suelo. Siempre hay un comienzo y yo creo que he retomado mi vida unos cientos de veces, siempre me renuevo porque aborrezco mirarme en el espejo y no reconocerme. A lo largo de nuestra existencia hay acontecimientos que sellan el suelo donde nos acomodamos y por más que restreguemos nunca nos descuidan, el tiempo suele ser un buen maquillaje para disimular lo que nos ha resquebrajado. Leí una vez que el miedo es un elemento de supervivencia que mediante el temor a que nos ocurra cualquier cosa aprendemos y salimos de las situaciones más engorrosas.


He tenido miedo tantas veces como me he renovado y algunos se han ido despedazando y agujereando por el camino, pero otros siguen persistiendo aunque no quiera darles vida porque ya no me pueden hacer mella como cuando me hacía creer mi hermano que los camellos de los reyes magos vendrían a por mí y me comerían, sí, la noche de reyes era la peor de mi vida, pese a los regalos que dejaban supuestamente los reyes ilustres debajo del árbol.



















He conocido gente de todo tipo y también muy particulares, tenía una amiga que se psicoanalizaba, cosa que siempre me ha parecido interesante pero analizarme a mí misma resultaría aún más traumático que echar la vista atrás, otros se esmeran en ligar cada sábado por la noche sin conseguir presa alguna y ante la decepción nunca desesperan, están al acecho las veinticuatro horas del día y … ando yo, que debo ser una especie extraña impugnando cualquier elemento que lleve la palabra amor por algún lado, suelo salir corriendo a la primera de cambio sin dejar siquiera las huellas en el suelo para que no puedan encontrarme.

A parte de todo esto, no soy todo lo que lees, pero lo que lees, sí que conduce con huellas.

21 octubre, 2008

Hijos de incógnitas




La noche se acuesta en tus hombros
entre las almohadillas de tu carne y hueso
encubriendo a tu nuca la inconsciencia cara
que nos sufraga a un descenso lejos de la mesura.


La soledad es un saco roto envuelto entre el cuello
gritando desespero en una puerta hinchada.
¿Que me quieres? No es una gran locura,
es una densa paranoia en tus ojos
a punto de lanzarse hacia un choque frontal
contra ningún fin.


Lo he sentido más de dos veces
y es más que suficiente
para saber lo que no quiero
porque mis miserias se componen
del mar abierto que no ven tus ojos, ni los míos.


Mis experiencias triviales tocan fondo
cada vez que alguien toca las hileras de mi orgullo
junto al cenicero rebosado de insuficiencia,
pero es mejor que estar esperando a ver si vuelves
y caminar descalza en círculos
en una habitación cuadrada
desaprobando lo que tal vez algún día haga.


No sé si realmente pido lo que quiero
o necesito querer sin tener nada a cambio.
¿Tú me lo puedes dar?
Creo que no, porque hoy necesito el cielo
y mañana tragarme en el lavabo,
echando por tierra hijos de incógnitas.

18 octubre, 2008

Juguemos a ser niños




Juguemos a ser niños
descubriendo trazos en la pared
sin acariciar al pánico en acto seguido.


Quiero recriminarle al pasado,
al que tanto quisimos cuando actuábamos
a ser mayores en un teatro teñido de rosa,
y el que nos impuso las reglas del juego
en un escenario a medio hacer.


No puedo despegar del suelo la puerta perforada después
de que tu mirada de párvulo me abandonara
sin un beso con sabor a sándwich,
ni cuando mis palabras se apartaron de tus cristales
por incógnitas de terceros
exhibidos en chupitos de Wishky.


Juguemos a ser niños y descríbeme la infancia
en colores de papel, con la magia en la que ya no creo,
la rebeldía que me sobra y el amor que nunca conocí.


No llego a recordar tan lejana nuestra edad,
tan cercanas nuestras bocas
y tanto tiempo pasado para acapararlo
con la sonrisa de dos inocentes
en una tienda de marionetas.


No quiero que muera otra historia de Shakespeare,
ni el primer reencuentro bajo dos sombras permutadas
apostando a ser mayores.


Juguemos a ser niños y recuérdame
más de una vez como se hacía,
acompáñame de la mano, contracorriente;
terminemos el escenario invertido

14 octubre, 2008

Vidas paralelas


Dos siluetas se encaraman
en el mismo sino descorchando
botes de cristal con los dientes.

Somos dos prófugas sin zapatos,
destapando el bizcocho de chocolate devorado,
yo huyo de él y sueño con todos, ella alterna en cada hombre de fin de semana

Encargamos los mismos errores de norte a sur,
busca un cuello caliente donde sosegar la cintura,
sus recuerdos y su muerte colgada hace tres años.

Hizo que mi vida se sujetara en la suya
en el momento que la miré por primera vez,
esbozada en una octavilla a carboncillo
con la vista impenetrable, buscando
a alguien que la reconociese con la mirada.

Yo asiento deambulando por rincones
observando a la gente y preguntándome
si puede ser él tras la cortina de misterio
el que me deje ver mi infancia en sus manos
y volver a besar en la mejilla al niño de siete años.

Somos irregulares
pero caemos al mismo compás,
sacamos las ruinas para adornarlas
y hacerlas más útiles a nuestros ojos.

Ella me enseña lo que no debo hacer.
Yo la invito a sentarnos
a vigilar los pájaros de noche.

Dedicado a mi amiga Sara que aunque no lo sepa, también la escribo.

11 octubre, 2008

Despedidas


Con la coartada a cuestas
me hundo al fondo del cenicero aún candente,
sustraigo accidentes de intervalos
y los incinero en las “calderas de Pedro Botero”.


Con la distante inscripción en pretérito imperfecto
se esnifa el mismo hedor,
el hoy del mañana, el hola del adiós
que me saben a las maltrechas palabras
de un mediodía hendido.


Las arrugas de los nudillos me susurran
que un día fuimos gigantescos,
que nos tomamos el mundo con las dos manos,
dejando en frente al toro corneado
con la franqueza sorda articulada como una Baby Doll.


Los espacios transitan por nuestro peso
recordando en círculos las sentencias discontinuas,
se echan la siesta bostezando la última hora,
caminan a hurtadillas las láminas mal colgadas en la pared,
el agua, haciendo la última reverencia,
las risas cerradas con alambre de hostilidad.


Pero cada vez se pone el sol a deshora,
lo miro con un efecto óptico lidiado
sabiendo que todo tiene un principio
y que nada tiene un final perfecto.


Las bienvenidas se llaman primaveray las tierras paupérrimas …
son los ojos de despedida de octubre.

29 septiembre, 2008

Sobre el mismo poema




Dibujaba aguas de acuarelas
asfaltando aceras al vuelo
dejando su aliento
azotado en el exterior.



Llegó a infectarse de humores
con sabor a llanto quemado,
pero ahora se cuelga un velo de sonrisa
y nos engaña a todos diciendo que es navidad.


En cada carencia se desliza lento
y cree que cada vez se derrama menos.


Se mordía los labios
aguantando a que él repitiera de nuevo,
no entendía que el único amor se va mucho
más deprisa que un mensajero
sin cartas una vez al año,
no sabía que las telarañas se olvidarían
con el cielo roto escupiendo a las nubes.


Se cuelga de la piel ante sus únicas menciones,
cuenta con esa voz íntima
y partida cuando nadie la mira,
no se refleja en los espejos
ni tiene vida como Goulue,
tiene mente de mujer escondida
bajo las inocentes manos de una niña.


Anestesia los meses de otoño
oliendo a húmedo y exhalando ausencias,
prefiere el azul del cielo a las nubes rotas,
las rosas blancas, el olor a lilas en el salón,
un par de hojas, un bolígrafo sin tinta
y volver a escribir sobre el mismo poema.

25 septiembre, 2008

Caída de ojos



Mi lugar no tiene recinto de feria
ni algodón de azúcar en el borde de la boca,
caí antes de atraparme en la perplejidad sobria
con un sorbo menos de ti
con un trago más de nadie.

Se me ata la noche al flequillo
cuando intento repararme del otro lado,
mi revés me orienta hacia el norte
y me viene una canción a fondo rasgado,
allá tan lejos,
donde las ruinas se hacen agua
y se zambullen los ojos
en una amnesia disfrazada de puta.

Aún está muy lejos para ver
si te echaré de menos o de más,
la duda desmayada me hace acelerar
por un camino oblicuo, estéril,
lejos de las pautas de los lunares.

Nos sostenemos solos
con la única ayuda
de quién nos vería caer,
te he soñado
y veo el ambiente más serio.

Son las ocho de la mañana
cierro los ojos,
observo a las sombras de mi espacio
y me saludas como si nada
nos hubiera alterado.

18 septiembre, 2008

El convoy

Un viaje más y te estaré lanzando
a la vía del tren para ver
el reflejo del rojo sangre
en los raíles y educarnos para vivir
como las piedras que yacen acomodadas
entre barrotes oxidados y sin vida
acallando los sonidos de nuestra cabeza.

Llegamos demasiado pronto tal vez
a un viaje sin retorno firme,
los billetes se intercambiaron
por manchas rojizas
donde nos escoltaba
la arcaica corriente de soplo suicida.

Los lunares y el moho de un café solo
despedazaron a nuestros monstruos
de colores serios, de caras ligadas
y de devaneos lapidando al frío
donde tiritaban mis piernas.

Pudiera ser entre las ventanillas
una irradiación que nos ciega
sin cobardía de poder o querer,
procurando no deshilar al tiempo
cuando centellean panoramas indefinidos.

Pudiera ser cualquier cosa
menos tú y yo retándonos
en carriles inversos,
escarbando por los bajos de un vestido
inocente y sin vistas.

Para nadie



Los días llegaban en un desmedido cosquilleo
para verter unas palabras en el ombligo de tu locura,
escuchar tus humeantes alaridos
por debajo del impreso con tu pulso
y escarbar entre tus cientos de frentes
y latentes palabras en una novela mezclada en bazofia.

Convirtiendo mi silencio en un enigma
embestías contra mí por si reaccionaba
y te mandaba por lo menos a la orilla de mi sonrisa,
veté mi mala lengua por si te creía
y se abrazaba de nuevo a la dureza de tu hebra sensible.

Malgasté sobrados movimientos desmañados
al recorrernos en el espejismo de nuestra vida y otro,
en la esquina de la calle mandando ilusiones desde lejos,
se salvaron los pies como yo
cuando empezaste a no violar a mi boca,
pequeña y despistada.

Creo que te quería o que me provocabas
por eso odio a los segundos en errores ingentes
que estilamos en el hueco partido de una lengüeta,
los daños negligentes se acuestan en la cintura
y resbalan cuando no ven donde planear.

Aquellos hormigueos que maté de una estampida
se lamen el recuerdo en un poema para nadie.



ACLARACIÓN: Éstos dos siguientes poemas son del mes de julio, por motivos digamos... desconocidos no los publiqué en éste blog.

12 septiembre, 2008

Para el catorce de septiembre



Colar un buen intervalo
y dejarnos con el mal sabor,
cuesta tres años impedidos.
Siempre pensé que era mejor
asociarse con el pánico,
donde el escuálido linde está contiguo
a la temeridad.

Llegué pronto una vez
para acabar llegando tarde
a cualquier parte.
Nada es peor que ver
a la muerte hacerse valer
acorralando los pasillos
de noche hasta la demencia,
mutismo, bajas presiones latentes
en pasado redundante.

Se cuartearon las cifras de los calendarios,
un minuto, mil noventa y cinco días,
se vuelve a desmembrar la dicha
en una cuesta en ida, sin camino de vuelta.
Pateamos despacio para no despertar
dejando la vista atrás
y los pies caminando en vanguardia.

Echamos de más una lagrima de vidrio
haciendo enlutar
a los que estamos dentro
y ahora el efecto cisne reseco.
Nunca más hubo abrazo de consuelo,
te quedaste dormida, desafiada,
en el rostro de un sueño
que no puedes narrarme.

A lo que hoy soy,
a lo que seré,
a tu nombre por ser el mío,
a tus abrazos que me colmaban,
a los sueños que siempre tuve y salías,
a todo eso y más.

Gracias.

31 agosto, 2008

Algo más personal (comecocos)

Si me siento a pensar que todo es un mal suelo, una abstracta pesadilla de imanes revelados, caeré en esa cuenta que tantos problemas me daba aún más que un tipo a mi costado descubriendo nuevo mundo a través de mis piernas.
Pasadas las doce del mediodía aturdiendo a una mosca que se zarandea como dos avionetas diminutas, sigue el rastro, se golpea en una esquina y vuelve a retomar el vuelo. Creo que cada vez está peor la circulación aérea.

Auscultada en una madera de pino con sus piñas enclavadas me sostengo por un lado y me arraigo a la otra mitad de la nada, cultos enturbiados en donde nadie sabe mucho menos yo, que aún ando entre cabezazos de una vida que me agota y me da fuerza tras cada golpe remitido. Hace días que no llueve y echo de menos siempre algo que me suele faltar, debe ser el mal día con el sol en hora punta o que huele a Septiembre.

Existen tres personas discutiendo para salir vencedor de cumbres rocosas cada vez más inútiles en sus escaladas, nadie es perfecto, es mejor así, yo los adoro aunque de vez en cuando tenga que salvarme a mí también.
Se agota el tiempo, aquel minutero embustero donde un día pasa más largo y otro se retuerce mil veces más hasta brotar rápidamente a su lugar de trabajo, porque todo o casi todo es una obligación y una respuesta más allá de lo que queramos hacer o decir con palabras meramente halladas en el subsuelo.
Hay silencios que me dan ganas de llorar, es como una última súplica tras el comienzo de un fin, no es la muerte, es una obligación, “el deber es el deber” de relacionar conceptos con algo más que un simple razonamiento, por falta de esfuerzo, cada día es un día menos y muchos darían más de lo que tienen por seguir acobardándose contra una vida más o menos viable.

Un golpe seco capta instantes felices en donde el minuto se pone cada vez más caro, en algunos momentos tengo miedo, ansias, y es una mala combinación, será lo que yo quiero que sea y hasta el momento, parece que no quiero nada.

15 agosto, 2008

Cuenta atrás





Unos días fríos no se zanjan temblando
pero se han retornado con la incitación
entre las puntas del cabello
contando de diez en diez,
de cinco en cinco, de cero en cero.

Las muñecas rotas se deshacen de sus ojos
convirtiéndose así en cadáveres delicados,
reconozco sus dos manos lentas
y sus caras en blanco y negro.
Despliegan sus piernas
y se van cantando una canción.

“Te abandonó la memoria,
ganaste otro suelo.
La tierra aquí no tiene color”

Surges de la simple tristeza
a un cúmulo de chistes gastados,
tres vueltas de llave y empiezas a entrever
lo que nos disgrega
tras los ojos apagados
fragmentados del cuerpo.

A veces contestas con una voz,
otras, tras colores invertidos
las horas lentas atraviesan
la puerta giratoria donde te espera tu fuga,
y después, callas de verdad.

01 agosto, 2008

Las oportunidades cazan mariposas


Las oportunidades cazan mariposas
en una red de alambre,
se dejan las alas de izquierda a derecha,
los colores impávidos
devorados por el ajamiento
y la áurea fuente de brío
sobre la sangre seria.

Empecé a temer al frecuentar al miedo,
ése que aflora en las arterias cubiertas
estallando en la nuca, eriza la piel
laminada en un soplo íntegro
haciendo trepidar las aves ciegas
que mirábamos hacia arriba.

Permanecen mis manos
sobre el óleo sordo y mis pisadas
en dos espacios de polvo,
no vengo a matarte tras mil puñaladas
escaldadas en el suelo, no regreso
para esconderme tras tu sombra
en un ancho desgarro
de dos palabras viejas.

Tu cuello, era una oportunidad,
piel árida libre de escalar
y arduo de sostener,
mi boca descocada
se condenaba por aquello,
ahora estoy fría, de rostro azul
y de cuerpo estoico.

22 julio, 2008

Noches azules


No recuerdo la vista
de mis manos
cubriendo mis miedos,
mis fríos y azules temores
en una mirilla
que traspasaba
la piel agrietada
de tanto golpear
lo que no se puede ocupar.



Admiré al cuerpo
extraño
que me robaba
el cielo, para dividirlo
en fingidos placeres
de coños azules,
donde en la luz de la noche
todos se vuelven ciegos.

19 julio, 2008

Agua, tierra, fuego y aire


En las ventanas se empaña el frío,
están apocadas porque no resuena lo que era
y sombrean un camino que no le hagan
perderse en otra vuelta.



Tiemblan,
como el poeta y su reloj de luna
esperando salvarse de la pobreza
de sus séquitos en aire de duendes
apuñalándoles en cada verso.


Te suelo escribir braceando bajo el agua
para olvidar a la vez.


Me sostengo
asida a la sangre remojada
sobre la que se alimenta el último buitre,
estremeciendo la carne
en un conmovido placer.


Se arrugan todos los domingos,
son una vieja taza de té
donde el penúltimo sorbo se marcha
cuando la novena gota desfila
en un barranco y el final
yace en la primera piedra.


Hoy finjo tendida en el techo
con una lámpara certeramente apedreada,
me sustraigo unos años mal bailados
y los arrojo al otro lado de la puerta,
el tipo los acosa y tortura
con retratos que ambiciona su designio.


Algo me desnuda a veces
al resonar la última cerilla en mi ombligo,
el recuerdo como enemigo,
un húmedo trayecto que deja al descubierto
el punto de estremecimiento.

Corrientes de tiempo


El lapso amordaza el turno sucedido
ahora llevará correas prensadas
atrayendo cerca venturas y miedo,
desviando la jornada en corrientes,
pasiones, desamores y fraudes,
crujido estridente que aprieta la sien
y le conduce al despego inclinado.

Instantes en que la noche adormece
silencioso, por poco mortecino
mira por catalejos una luz pálida y fría
que destruye el último sorbo
que se queda deslustrada en la taza de mi mano.

Sí, finalmente el tiempo fallece
mucho no nos dejó entre los dedos
no le dio épocas a dejarnos con ganas de hambre
pero aún nos queda algo de trecho entre los dientes,
una sórdida manada de visiones postradas.

Revocará el mañana en tiempos de ahora,
germinará con sonido estoico en nuestras camas
y será un plazo a pagar en cuotas de vida
dejando a su pesar minutos de dicha.

Pero … será otro cada día,
un amante cálido y frío
con lucidez atolondrada
degustando lentamente
el péndulo de la alborada.

17 julio, 2008

Camisa sin fuerza


El color de mi camisa
desgrava los tonos desabridos,
sucumben entre raptos diestros
y se adormecen en una maleta
que acopla caprichos de noche.



No puedo apasionarme
por una frágil tentación,
me adormecieron en un mal día
con veneno de agua rosada
y me encojo, cada vez,
cada instante en que
delatas a los botones con tus dedos.


Quisiera abastecer mi deseo
en palmeras rajando a cupido
y vengarme de las malditas flechas
que se clavaron por mitades traspuestas
entre tu aliento y mi lengua.


Una voz y una palabra
tocarían el minutero
que se colapsa en mi lado izquierdo,
pero ya lo sabes,
quisiera tapiar la pena de la camisa.


Suelo tramar alegres tristezas
y abrochar lo que me dejan.

16 julio, 2008

Alma de cicatriz


Me siento aquí de espaldas
a lo estrecho de una cicatriz enmarcada...
Cruzando escuálidos días de enero
escruto quién desnudó el corte aséptico
del soporte desvaído de la resonancia
en la parte interna de mi cuello con espinas.


Me mira de frente un espejo
ceñido a una de sus palabras,
relegándole me cubro en mil jirones
donde se franquean días demasiado caros
desde que los flechazos rehúsan
de una portada devorada con excesos.


Con los recuerdos que me antorchan
en una intriga suspendida por su espalda,
sucumbieron turbados los ensueños
que en algún tiempo se aventuraron
al caer en la presión de una daga
en el alma de una cicatriz hendida,
son suspiros ahogados de quiebras
en una puerta entornada.

13 julio, 2008

Alertas de savia


No suelo volar por caminos angostos
en donde los ojos se plagan de hostilidad
entre el claro oscuro de mi perspicacia
y sólo me acojo a ella cuando
me dan un paso con el recuerdo amargo y ocioso.

Los riesgos de la maraña
son faros apagados,
una flecha arrojada
a la costura desigual de mi falda
en el arqueo torpe
de unas extremidades que sujetan el roce.

El pase de salida se encarama
en el broche de mis zapatos
bajo el aliento de bosques centenarios,
ahora no puedo bloquear las andadas.

Si la vida me sonríe
por hacer trueques en el pasado
la besaría por el gesto
y diría que tengo miedo a la confusión,
a veces no sé si somos de carne y hueso
o arena y polvo en un punto y final.

11 julio, 2008

Romance negro



Se han olvidado en dejar en tu puerta un bocado mío,
por ello, déjame erguida en tumultos de piélago
no puedo beberte la vida por encargo de tus ensoñaciones
y se engancha el pánico en la tela de los volantes.


Se baten amenazadores barrotes sobre muros de espanto,
déjate en el pliego de una cuerda las sonrisas sordas
y ahórcalas de una vez
no dejes que yo las apriete primitivas,
que se te apaguen las orillas de mis candiles
aunque nunca estuvieron enfocadas
a perder la boca en un segundo sin ensordecer.


Ante mis barreras, ante todos,
el más revuelto es la noche endurecida
con el alarido de hiel descolorida.


Sentimientos abruptos goteando en las manos de un tipo
y otro viene a recoger lo que dejó de retales,
tengo mirada exánime y una sonrisa que se empalma
con el pacto de negrura de un paisaje deambulado.


No importa el engaño si se queda junto a su acera
descansando mientras yo le miro de reojo y decido marcharme,
no importa nadie más porque no consigo querer
sin recordar los añicos de tela que se comieron la tierra.


Pero sí la ira que recompone cada estela de pared
y me hace verle de nuevo con otra cara,
con otros olfatos y con otro rencor,
ávidos dientes sin tiempo todavía para amar.


Es una lucha entre la exasperante estación
donde quieren llegar sus océanos candentes
con la chispa vengativa de aquellos placeres
donde su fulgor puede destruir sus ganas de quererme.

08 julio, 2008

Ante la mentira



Se sobrecogen las ciegas verdades
que caben en un puño de arena,
sin átomos, sin color ocre
asaltando razones incorpóreas.

Se enlodan las servilletas
que se esconden sobre los muslos
escrutando alguna actitud
que se fue acomodando entre los pliegues
para entregar las piernas vacantes,
sin culpa, extendiéndolas exentas
enredándose en el traspié de su lengua.

En una cuarta hora le enseño
a no adulterar mentiras en su saliva
eludiendo hacia reencarnaciones abrigadas.

No tengo paciencia para analizar verdades
y ha girado para vivir entre bambalinas
un gato negro al auscultar carnavales.

06 julio, 2008

Las aceras de mi barrio



Las aceras de mi barrio
aguantan al sol de la mano
llevándonos a la última siesta de verano
sombreando pestañas de ojos cerrados.


Abrimos las cuencas para encerrar
la centella que late con corte
a ras del empedrado.


Con pálido reflejo,
se me olvida el tinte de color rosa
cuando se disparan preguntas retardadas,
si te he echado de menos
en marañas vírgenes
al cultivar una fragua con lamentos,
con mi boca atascada,
con tu vida en picado,
apenas se desentraña un retazo.


Siempre te susurraba,
si me quieres
pestañea más veces
y me retiro de nuevo.


Las aceras de mi barrio
aguantan al sol de la mano,
llevándonos al último verano
dorando pestañas de ojos cerrados.


Sólo fui un pedazo de mármol
mal esculpido en tu barrera de sonido;
el diseño, no fue como lo matizamos.

Flores caras


Despidiéndote he carcomido dos latidos
que se han desgarrado entre biombos
sobre baldosas de medio espejo,
las siluetas imperecederas se repudian
al encontrarnos frente a frente
pensando en como roernos, relevarnos,
envenenarnos y existir gallardos
en medio de neblinas
en una funesta sangre temprana.


Hemos odiado los cielos azules
que pisábamos en mitad de un cuadro
donde las rosas eran espinas,
los cardos, sollozos rotos
y tú y yo éramos sonrisa de nardo
entre los mohines de un payaso mofado.


Ha descargado el nublado sobre la mesa
y se han desembarazado las grietas timoratas
que entregamos en un vaso lleno de agua,
nos hemos ahogado o me lancé primero
para que supiera como sentir el frío en los huesos
hasta ver mis ojos cerrar y no volver a verte.


Despidiéndote he carcomido dos latidos
y noto lo que serían tres pulsados
de los agujeros de mi máquina expendedora,
me he anudado el conflicto en mis muñecas
y salgo huyendo, siempre,
para no entregar el cálculo exacto de la derrota.

05 julio, 2008

La otra cara


Bajo las vislumbres de la acequia
nos inventamos una abertura

donde verter los ratos fatigados
para juzgarnos menos viles,
más agudos y algo menos forzados.


Nos resbalamos por los lados
acordando arcaicas caídas
y pensamos mucho más
en el segundo de después.


Nos hemos quedado sin pulso
reviviendo octubre en el minuto cero
dejándonos las manos exentas de estorbos,
hemos caminado hacia arriba
tropezándonos con nosotros mismos
con el lapso del ayer pendiendo
de un incisivo suelto,
que se renovó hasta
no reconocernos hoy.


Ahora puedo decirlo,
cuando abro los ojos
y veo correr gotas de agua,
nos hemos lucrado de la vida
hipotecando una entrañas en calma
y caminamos con las botas puestas
para que nada nos torture.


Las partes intencionadas
nunca fueron inocentes
y los siniestros cabalgando
en nuestra cabeza
nunca desearán más
que otras botas de repuesto.

04 julio, 2008

La cúpula de cristal



La cúpula de cristal se ha gangrenado
como el murmullo doliente
de unos brazos mutilados
y hemos rajado al tiempo
en cataratas de nuestros dedos,
dedillos indelebles
vagando a pasos cortos
en las huellas diminutas
de un reloj de arena.

Es el sonido a hojas secas
pisadas por nuestras bocas
que sofocan cada gramo
de voz que se turba.



Apoyada en la contraventana
se asoma mi frente como si hubiera
un bálsamo allí fuera
y lo de dentro parece correr
a holocaustos que brotan
a borbotones de la cama,
miro a la calle
y hay niños con bufandas.



Mientras,
está todo sellado en masillas tostadas
como un genio vestido de caco
robando minutos de ventura.



Nuestra cáscara de cristal
está aborrecida de los tiempos
descompasados que concluyen
y no regresarán a su lugar
aunque oprimas con ganas los segundos.



Sin duda,
nos veremos en otras vistas
bostezaremos en otras manos
pasando el turno a nuevos letargos...

Tus ojos sobre cuadros
no matizados,
tus piernas desenfundadas
en aluviones hollados.

Boca roja

Salgo de casa con la intención
de romper la eternidad,
sólo encuentro en la escalera
un par de botellas vacías
donde decoré con tizas
los colores de una muñeca.

Manchas de grasa
en el suelo de la cocina,
no tengo ganas de limpiar
la ceniza de mi rendición.

Tiemblo con escabrosa inseguridad,
si las palomas pican en pan aguado
yo soy la corriente donde fue mojado
por no ser el afluente de causas perdidas.

Un bemol sostenido en mi cabeza
que toca la nota perfecta.

Como pensar ser la cuerda con dos nudos
si me creo el cuento de Blancanieves
donde me muerde la manzana envenenada
y el príncipe me quema con sus labios,
cómo reparar mi cueva enterrada
si aquella boca roja quiere atraparme.

Desayunos sin naranjas exprimidas,
distancias que se alargan en cada pestañeo,
ahogarme con el collar de perlas
y sentir que nada fue un sueño.

03 julio, 2008

En la boca del cigarro


Eres la boca de un cigarro,
yo soy su fogonazo
en mitad de un febrero
dejando erguidas las pavesas
con sus irritadas codicias tercas.

Siente inflamarse en cada
sospecha penetrada
vagas centellas con vejigas inflamadas
mientras se relegan los ceniceros
de la ceniza que abates desplomada.

Las llamas se cargan hacia un lado,
desertan su viva ansiedad
causada de tanta desgana
en el filo de tu boca de cigarro.

Se va derrochando todo,
como un beso en pleno verano
discutiendo por su terreno,
aunque las avenidas ya no cuesten nada
en el parquímetro de tu entrada.

Bajo las manos que sustentan filtraciones
bajo los vahos nocivos en mi boca
donde el amor se consume en sólo una calada,
se aprecian en tu boca de cigarro,
entre cenizas,
recelos y escamas.

Esto no es amor


Es inmutable cuando le abandona
en el sórdido reflejo de su respiración
que se va adentrando en él sin ser de él
por excusas que silban haciendo caso omiso
de las deslealtades de su propio ser.

Han hablado varios abriles
en lenguas extrañas
dentro de un alfabeto escéptico
en donde las vocales
saltaban por encima de la cama
buscando palabras para entrelazar,
él las ataba,
profanándolas sin afección.

No es la costumbre del desatino
lo que le lleva a desmembrarse del cuerpo
o un mal juego de palabras
en las que no acierta
o llegar a tener los labios secos
por el abatimiento.

Es la misma luz
que refleja colores muertos
en el tiempo que marca
indiferente a su rostro,
es la discrepancia entre sus impresiones
y cercanos horizontes de la cognición.

Ella sabe que es irrevocable,
lo sabe,
porque sólo juega con ella a oscuras
apagándola con la yema de los dedos
y la recoge en medio de solares
que la adoran y la infectan
con su aroma.

Memoria en una butaca

Yo te estaba esperando entre paseos cortos
más cerca del verano, más distante del invierno,
sentada en una butaca.

Nos volvemos ciegos en los retratos
y se aprietan fuerte los consuelos
en mitad de una estrofa caníbal
para que mis versos se coman mi memoria
donde yaces prisionero a la primera voz.

Al lado de un mal viento arrinconando
las hojas del ayer, se pierden
y una pluma se destinta
cuando cree ya fallecer
en sus márgenes anémicos.

Por desvíos de ojeadas ocultas,
bajo el filo de las impurezas
que se marchitan viejas,
se dan media vuelta,
solas se quedan.

Sentada en mi butaca
te sigo pensando,
pero cada vez...
es sólo un brío,

un respiro,

una escapada.

¿Cuántos ahogos pueden
quedar para olvidar?

Un suspiro, se va entre mis versos;
dos suspiros, se escapan por la turbación;
tres, se entrega con las manos en alto;
cuatro, me caigo.

Son mis desventajas
de adquirir materiales defectuosos.

02 julio, 2008

Mi sombrero de copa

Calle arriba
he debido de perder mi sombrero de copa
porque no me encuentro, ocurre raras veces,
apenas cuando salgo de la puerta de latón
se oyen mis pasos y a veces
es el sonido que abriga con glosas lo que duele
por demasiado frío en la calle.

El humo de mi voz
sube como una enredadera forzada
y nunca se detiene, sólo pasa,
igual que el ácido en vena,
igual que el amor platónico
que nunca se entrega
hasta que llego a recodar
que he perdido mi sombrero.


Él es furtivo donde escondo
mis pérdidas suicidas
y mis malas melodías.
En la esquina de la calle me pierdo a veces
para dar un abrazo a lo que no existe,
para estrechar la mano con mi cobardía
y conducir por habladurías
con un falso nombre
en el carril que se ocupa por mí
y escribir sobre ti de nuevo,
convirtiéndose…
en locura

Cuando llego a esa esquina
he llegado tarde pero…
repongo una sonrisa
y encuentro mi sombrero
custodiado en el lugar de siempre;
en la distancia 
de mi bolsillo derecho.

Estabas fingiendo





Estabas fingiendo
cuando las horas se ocultaban ciegas
y no recordaba la hora de llegada,
tú me decías que era raro
cuando el tiempo pasaba resuelto
y se nos iba el aire cálido en verano…

y recuerdo.

Fui niña en la correría
de mis días de inocencia,
pero se enfadó conmigo
cuando me resigné a no jugar con ella
porque le robé una pirueta de fresa.

Fui adolescente en el momento
donde las lenguas se embebían
de tus huellas dactilares
y fue cuando escupí a una carta de amor
al salir de noche, silenciada,
en la inopia de mi sombra.

Estabas fingiendo
cuando servías retozos salados,
yo adentraba mis dedos entre tu pelo
y se escuchen sórdidos
sinsabores recogerse
de la cremallera de mi bolso.




Tú te afirmabas zar de mis escamas,
saetas finas que se inyectan
en el patíbulo de la muerte,
de tu muerte y la mía
olvidándonos en el cruce de vuelta
y yo no conseguía separarme sin efecto
emulsionando la sazón con resabio.

La necedad quiso un lugar
para arroparse entre mis manos
y las halló repletas,
el amor muere
en la misma zona que asomaste,
se ha condenado víctima de tus ardides,
repliega su espalda con el dolor pinchado
como mi inocencia
flaca de poder tendida al sol.