12 agosto, 2012

Razón por razones




Las razones de escribirme
siempre se apelmazan en el cuello de una botella
a punto de cerrarme la boca 
para ahorrarnos palabras sin sentido.

Sin embargo, hay cosas que aunque me lleven
a talones desnudos las caídas son más pesadas
y mis recuerdos no se van con facilidad.

Las razones de escribirte
se enganchan a mis extremidades como sanguijuelas
para exprimir mi mortalidad que cuelga de las pestañas.

Sin mis poemas, 
contaría de uno en uno los desperezos   
que se escriben de vez en cuando
paso a paso, de dentro,
en dirección hasta el fondo
donde las culpas se pronuncian sobre las mismas cosas
que no digo porque pienso que no existe una sola razón.

Tal vez lleguemos a un fondo que nos ahoga, 
que nos deja con el sentido exacto de que vamos a equivocarnos,
que mi voz sumergida te silva
en el borde susurrándote despedidas. 

Eres tan doloroso,
que me quedaría a vivir al otro lado de tu costado
donde la vida parece distinta.

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