15 noviembre, 2008

Príncipes y otros cuentos



Llegado al final de los puntos suspensivos tal y como escribió Joaquín Sabina, no veo mucho cauce para asomar la frente y pasear cerca de la orilla por si acaso alguien te arroja y no tiene la decencia de salvarte, algo así pasa con la palabra más famosa del mundo, amor, algunos la tienen como peregrinación cada semana, hay quien tiene suerte y lo sostiene haciendo malabares sin que haga una escapada, existen los que no quieren oír ni hablar del tema, y otros, sencillamente no están.

Te inventas un beso y te relato un cuento, esto es propio de los que usan la palabra en vano para alcanzar propuestas indecentes al principio del camino, cada respuesta incoherente puede ser una trampa mortal a los ojos de quien no nos quiere ver como una costumbre habitual. A ratos largos recuerdo la infancia porque era la época más bonita de mi corta vida, tenía todo lo que podía imaginar, todos los sueños en una caja de muñecas y la sonrisa inocente que aunque sigue persistiendo ya no es tan cándida. Respiraba otro ambiente a mi alrededor que resultaba sereno, era un olor a Chupa chups de chicle y palomitas de maíz dulce. A solas, me imaginaba como sería cuando tuviese dieciocho años y la realidad se ha hecho suspicaz en el trastero de mi mente pequeña, nunca me imaginé tal y como surjo en la película de cuento ya que se fue haciendo cada vez más tórrida. Recuerdo que quise ser veterinaria, enfermera, amazona y mil historias de princesas de cuento con un fueron felices y comieron perdices. Las perdices debí comerlas hace mucho tiempo atrás y la felicidad empecé a suponer que no existe en su totalidad. Los cuentos, se fueron arrastrando hasta las alcantarillas y no me dejaron leer más besos de mentira, nunca entendí porque Blancanieves tenía que esperar al príncipe para despertar de su lánguido sueño, tal vez, se hacía cadáver para que él no volviera.

Observo historias de graffiti pintadas en los ojos de los demás, me gustaría convencer a aquellos de miradas marcadas en las que se late decepción, que todavía puede haber un cuento para cada uno y que no es mentira. Debe ser que me queda todavía un viaje infinito en el que me toca averiguar si la felicidad no es una falacia, como cuando me preguntan que tal estás y contesto que no me puede ir mejor.

1 comentario(s):

Lázaro Suárez dijo...

mmm

amazona no mola, se amputaban un pecho para tener mayor comodidad para tirar con arco :S

yo ya te dije... quise ser medico hasta que vi un cadaver y casi me desmayo, astronauta hasta que tuve acrofobia, domador de cobras hasta que me pico un mosquito, puto de lujo hasta que.. bueno. dejemoslo ahi mejor.

los sueños que tuvimos de pequeños, no son los que tenemos ahora, y la mayoria de edad que ansiabamos tener,,, no era para tanto. seguimos como estabamos, con mas madurez, mas recuerdos y menos sueños idilicos y utopicos.

una lastima

"saca el niño que tienes dentro"

si... bonita frase

pero todos

somos pederastas

sigue reflexionando asi. me gusta

lo sabes

un beso