
No recuerdo la vista
de mis manos
cubriendo mis miedos,
mis fríos y azules temores
en una mirilla
que traspasaba
la piel agrietada
de tanto golpear
lo que no se puede ocupar.
Admiré al cuerpo
extraño
que me robaba
el cielo, para dividirlo
en fingidos placeres
de coños azules,
donde en la luz de la noche
todos se vuelven ciegos.
extraño
que me robaba
el cielo, para dividirlo
en fingidos placeres
de coños azules,
donde en la luz de la noche
todos se vuelven ciegos.